¿Cuándo consultar?
Escuchar y discriminar el malestar
No siempre es fácil saber cuándo pedir ayuda. Hoy en día, existe una moda de “psicologización” o “patologización” de procesos considerados normales en el ser humano, aunque estos inevitablemente cursen con dolor o sufrimiento. Sin embargo, muchas personas dudan y no saben discriminar, minimizando lo que les ocurre o piensan que es una circunstancia momentánea que, si se piensa, se viene repitiendo cíclicamente o de forma sostenida en el tiempo.
Cuando el malestar se mantiene demasiado tiempo y empieza a interferir en la vida cotidiana de manera significativa, consultar puede ser una forma de mirarse, cuidado y de prevención. Un sufrimiento, angustia, síntoma o apatía que dificulta el día a día SI merece la pena ser valorado por un profesional
Consultar y comprender a tiempo
Una idea frecuente es pensar que solo se debe acudir a psicoterapia cuando el malestar es intenso o evidente. Sin embargo, consultar a tiempo permite atender dificultades que aún no se han vuelto crónicas, comprender lo que ocurre y prevenir que el sufrimiento se agrave, favoreciendo un acompañamiento temprano y constructivo.
Cuando es necesario, una terapia de intervención o un psicoanálisis profundo puede ser una decisión que introduzca al sujeto en el camino del entendimiento y del cambio.

¿Cuándo es buen momento para consultar?
Algunas señales que pueden indicar que es recomendable una consulta:
- Vivir con sensación constante de angustia o inquietud difusa. Dificultades para “dejar de pensar”.
- Dificultades para dormir, descansar o desconectar, incluso cuando no hay un problema concreto.
- Sentimientos de tristeza, apatía o desánimo que se prolongan en el tiempo.
- Agotamiento emocional, sin energía ni ilusión, especialmente en relación con el trabajo o las exigencias diarias.
- Sensación de estar atrapado en una vida que no te representa o sin una perspectiva clara de futuro. Alienación académica o laboral.
- Aparición de síntomas físicos tales como dolores, tensión, molestias digestivas o malestar corporal persistente sin causa médica clara.
- Repetir conflictos en tus relaciones personales o de pareja, no entendiendo sus razones.
- Dificultad para tomar decisiones, elaborar duelos o sostener cambios importantes.
En niños y adolescentes, el malestar suele expresarse de otras maneras, como cambios de comportamiento, dificultades escolares, aislamiento, miedos intensos o síntomas corporales tales como insomnios o problemas de alimentación.

