Estos conceptos nos atraviesan a todos y cada uno de nosotros. Intentar entenderlos, elaborarlos y aprehenderlos (que no aprenderlos) en un proceso de trabajo analítico personal. La trasmisión también entendida en el proceso de los psicoanalistas…¿podríamos entender ésta como la disposición de cada sujeto a poner en juego y la elaboración de sus propios conflictos personales y la dificultad de comprometer su propia dinámica psíquica?. Son conceptos que nos habitan, y que, sin embargo, cada sujeto construye de manera parecida pero no igual.

En sus trasmisiones Freud tuvo presente su función de psicoanalista, educador, gobernante y padre. Sabía entonces que su tarea era imposible, pero no por ello dejó de intentarla toda su vida…quizá la vida se basa entonces en estos intentos, en los caminos, más allá de las metas.
El psicoanálisis tenido en cuenta como teoría explicativa del funcionamiento anímico, mental y corporal así como sus elementos técnicos pertinentes para su ejercicio, en definitiva, como herramienta o constructo simbólico que intenta dar cuenta de una realidad clínica. Educar centrándonos en el elemento de la trasmisión como esencia de la evolución y el crecimiento de un conjunto, como elemento central de una intrincación vital a futuro. Y finalmente gobernar en su concepción quizá más olvidada, ósea, no tanto la de controlar sino la de conducir o dirigir hacia algún lugar. Es importante añadir que el propio Freud situaba la profesión de los padres (en su acepción de “función paterna”) como tarea imposible. La función paterna es importante poder considerarla en, al menos, estos tres elementos: amor, límite y trasmisión, elementos que debieran ser centrales en las tres tareas imposibles que Freud describiera en 1937: psicoanalizar, educar y gobernar.
El síntoma, digamos, expresa una parte importante de lo que no anda bien en el paciente. Nosotros somos entonces los investigadores, los traductores de un lenguaje que desconocemos, que vamos a intentar a través de la palabra acompañar a este paciente. También, en ocasiones, seremos arqueólogos, comparación que agradaba especialmente a Freud. Para ello será fundamental que naveguemos por estos conceptos que iré desgranando: inconsciente, represión, pulsión y síntoma.
En Freud, el inconsciente es una instancia inaccesible a la conciencia pero que se revela a través del sueño, los lapsus, los juegos de palabras, los actos fallidos, etcétera. El inconsciente tiene la particularidad de ser a la vez interno al sujeto (y a su conciencia) y externo a toda forma de dominio por el pensamiento consciente.
Lacan, siguiendo a Freud, formula la hipótesis del «inconsciente estructurado como un lenguaje, lo que no significa como una lengua». Lacan subrayó que el inconsciente tiene la estructura radical del lenguaje. Retomó esta idea en 1972-1973 en el seminario, con un famoso enunciado, «El inconsciente está estructurado como un lenguaje», seguido de otra fórmula: «El lenguaje es la condición del inconsciente». Lacan demuestra que se pueden encontrar, en las leyes que rigen al inconsciente, los efectos esenciales que se descubren en el nivel de la cadena del discurso. De modo que el niño se encuentra sometido de entrada a un orden tercero, el orden simbólico, cuyo soporte original es la metáfora del nombre-del-padre (la función del padre a la que me he referido antes).
De la pulsión nada podemos saber si no es por sus representantes psíquicos” dice Freud en “Pulsiones y destinos de pulsión”, 1915. Desde el punto de vista terminológico, el término «pulsión» fue introducido en las traducciones de Freud como equivalente al alemán Trieb. Es importante diferenciar la pulsión del estímulo: El estímulo, que es externo, produce una fuerza interior que actúa de un solo golpe, mientras que la pulsión, interna, actúa como una fuerza constante que sólo podrá ser satisfecha parcialmente.
Freud define la pulsión como un proceso dinámico con 4 facetas consistente en un empuje (carga energética, factor de motilidad) que hace tender al organismo hacia un fin, que siempre es la satisfacción. Una pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (estado de tensión de origen somático); su fin es suprimir el estado de tensión que reina en la fuente pulsional; gracias al objeto, la pulsión puede alcanzar su fin.
Entonces la pulsión está constituida por cuatro elementos: la fuente (estado de tensión de origen somático), el empuje (tiene que ver con el quantum de intensidad), la meta (satisfacción-reducción del estado de tensión) y el objeto. El concepto de pulsión fue analizado sobre el modelo de la sexualidad, pero desde un principio en la teoría freudiana la pulsión sexual se diferenció de otras pulsiones. La teoría de las pulsiones en Freud fue siempre dualista y esta dualidad hace que las pulsiones siempre están en conflicto; el primer dualismo al que se refirió Freud fue el de las pulsiones sexuales y pulsiones del yo o de autoconservación; por estos últimas Freud entiende las grandes necesidades o las grandes funciones indispensables para la conservación para la vida, siendo su modelo el hambre y la función de la alimentación. Recordemos también que Freud remplaza la oposición pulsiones de autoconservación/pulsiones sexuales o llamadas también la de pulsiones del yo/pulsiones de objeto, por la oposición pulsiones de vida/pulsiones de muerte, que considera mucho más fundamental.
Y por último la represión, para Freud, es el proceso que apunta a mantener en el inconsciente todas las ideas y representaciones ligadas a mociones pulsionales cuya realización, generadora de placer para una parte del sistema psíquico, se convertiría simultáneamente en fuente de displacer para otra parte de dicho sistema. La represión es un mecanismo de defensa, aunque no únicamente, que nos ayuda a no descargar directamente y obtener otras vías de satisfacción o convocatoria (menos intensas, pero también menos perjudiciales, en general). La represión es también el mecanismo simbolizante prínceps (esto quiere decir mecanismo que nos permite abstracción y representación) y está ligada al regalo humanizante que supone el lenguaje. Gracias a que hablamos, podemos recuperar parcialmente o convocar ciertas experiencias placenteras sin que quedemos atrapados en las mismas.
Freud amplió, matizó y completó varias veces la función de la represión y el campo de acción de la misma. Empezó postulando que la angustia era el efecto de la represión en una primera teoría para acabar diciendo lo contrario, que la angustia es el llamado a la represión.
Para terminar, entonces, me gustaría mencionar una frase de Freud que dice lo siguiente, «los antiguos deseos reprimidos tienen que subsistir en el inconsciente, puesto que encontramos sus retoños, los síntomas, aún activos, «vivaces»».
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Lda. Yolanda Tomaseti Rebollo
Fragmento de un artículo publicado en la revista del IEPPM:
Instituto de Estudios Psicosomáticos y Psicoterapia Médica – nº.: 107
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