Cada vez más personas cuentan a una inteligencia artificial lo que no cuentan a nadie. Le escriben de noche, cuando no pueden dormir. Le preguntan si lo que sienten es normal, si deberían dejar a su pareja, por qué siguen tristes aunque «todo va bien». La máquina responde siempre, enseguida, con paciencia y con buenas palabras. Según un análisis publicado en la Harvard Business Review en 2025, buscar apoyo emocional y compañía se había convertido en el uso más frecuente de estas herramientas.​

La Consulta de Chamberí - Artículo | Hablar con una máquina

Ya ocurrió hace sesenta años. En 1966, Joseph Weizenbaum, investigador del MIT, creó ELIZA, un programa muy sencillo que imitaba a un terapeuta devolviendo al usuario sus propias frases en forma de pregunta. Su secretaria, que sabía perfectamente cómo funcionaba, empezó a conversar con él y al poco rato le pidió a Weizenbaum que saliera de la habitación. Quería intimidad. Aquello le impresionó tanto que se convirtió en uno de los críticos más lúcidos de las máquinas que él mismo había ayudado a crear.

Que tanta gente busque en una pantalla a alguien que la escuche dice mucho de la soledad de nuestro tiempo y de lo escasos que son los lugares donde hablar sin ser juzgado. Expresa también una necesidad muy antigua: la de dirigir a otro lo que nos pasa. Pero ¿qué encontramos ahí?

La cura por la palabra

El psicoanálisis nació de una conversación. A finales del siglo XIX, una paciente de Josef Breuer, conocida como Anna O., llamó a aquel tratamiento «la cura por la palabra». Freud descubrió después que lo que alivia depende también de a quién se le dice. En el vínculo con el analista se reviven, sin saberlo, los afectos y las expectativas de los primeros vínculos: es lo que llamó transferencia. Para que eso ocurra hace falta alguien presente, que pueda ser querido y odiado, que se vea afectado por lo que oye y que, aun así, permanezca.

Un programa puede imitar la empatía, pero no la siente ni arriesga nada en el encuentro. La psicóloga Sherry Turkle, que lleva décadas estudiando nuestra relación con la tecnología en el MIT, habla de «intimidad artificial» y advierte de que, a fuerza de acostumbrarnos a una empatía fingida, podemos empezar a darla por suficiente. La Asociación Psicoanalítica Americana ha creado una comisión dedicada a pensar estas cuestiones, y lo describe de un modo parecido: estos sistemas representan la conexión humana sin experimentarla.

Estas herramientas están diseñadas para resultar agradables y para que sigamos conversando. Tienden a dar la razón, a tranquilizar, a cerrar enseguida lo que se abre. Un análisis trabaja en otra dirección. A veces lo que más ayuda es una pregunta inesperada, un silencio, la sorpresa de oírse decir algo que uno no sabía que pensaba. Jacques Lacan, que releyó la obra de Freud a lo largo del siglo XX, lo formuló así: «Lo que busco en la palabra es la respuesta del otro».

Ser encontrado

Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés, describió la capacidad de estar solo en presencia de otro como una conquista del desarrollo: el niño puede jugar tranquilo porque alguien está ahí, cerca, sin invadirle. En otro de sus escritos dejó esta frase: «Es un placer estar escondido, pero un desastre no ser encontrado».

Muchas conversaciones con una máquina tienen algo de lo primero. Permiten hablar escondido, sin exponerse a la mirada de nadie. Lo que no pueden ofrecer es lo segundo: que alguien, con el tiempo, nos encuentre de verdad. Quizá por eso alivian un rato y dejan a menudo la misma soledad.

Estas herramientas ya forman parte de la vida cotidiana. Pero si alguien se descubre hablando de noche con una máquina sobre lo que le duele, esa misma conversación puede estar diciendo algo: el deseo de que otra persona escuche.

Ese es el lugar que el psicoanálisis sigue ofreciendo: un encuentro entre dos personas, con tiempo, donde lo que uno dice puede llegar a tener sentido porque alguien lo recibe.

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Referencias

  • Breuer, J. y Freud, S. (1895). Estudios sobre la histeria.
  • Weizenbaum, J. (1976). Computer Power and Human Reason. San Francisco: W. H. Freeman.
  • Lacan, J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1.
  • Winnicott, D. W. (1958). La capacidad para estar solo. · (1963). Comunicación y falta de comunicación: estudio de ciertos opuestos. En El proceso de maduración en el niño.
  • Turkle, S. (2026). Artificial Intimacy: Who We Become When We Talk to Machines. Nueva York: Little, Brown.
  • Zao-Sanders, M. (2025, 9 de abril). How People Are Really Using Gen AI in 2025. Harvard Business Review.
  • American Psychoanalytic Association. President’s Commission on Artificial Intelligence (apsa.org)

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Pablo Aizpurua
Psicoanalista y Psicoterapeuta psicoanalítico de adultos, adolescentes y niños.​​
Equipo de profesionales de la Consulta de Chamberí.

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