La entidad TDAH ha llegado en la época de la velocidad, el consumo de objetos e imágenes, y todo con soluciones en tiempo cibernético. Esta época trajo consigo ciertas consecuencias, entre ellas un aumento del diagnóstico TDAH. Sin embargo si intentamos comprender qué es lo que hay detrás de un niño excitado o distraído que no puede concentrarse para aprender, vemos que muchas veces aparecen pérdidas traumáticas, separaciones tempranas u otros padecimientos relacionados con la infancia.

Sabemos que los problemas de aprendizaje suelen ir ligados a este trastorno y complican la vida del niño al mostrarlo como fracasado escolarmente. El “no atiende en clase” aparece como una queja reiterada que engloba gran parte de las dificultades escolares.

No hay aprendizaje sin un cierto grado de frustración y angustia, ya que el conocimiento implica pasar por un momento de desconocimiento y desorganización ante lo nuevo. Y lo nuevo a todos nos inquieta.

Hemos de recordar que el niño es una persona en desarrollo, única y singular, diferente a todas las demás. Por ejemplo, hay niños que han sufrido una serie de cambios sucesivos, migraciones, adopciones, niños refugiados en el mundo de la fantasía, niños en estado de alerta permanente, niños que buscan la aprobación afectiva de los, niños “sabelotodo”, niños de pensamiento confuso…
Hoy día, los niños están inmersos en un medio donde la palabra ha ido perdiendo valor en detrimento de estímulos poderosos con predominio visual, tales como la televisión, la tablet o el móvil. Sin embargo, tienen que adaptarse a la transmisión de conocimientos en la escuela, donde la palabra es lo que importa.

En el colegio, por ejemplo, son los profesores los que avisan de los problemas de aprendizaje, presionados a su vez por las exigencias sociales para que todos los niños aprendan a un mismo ritmo y alcancen las mismas metas. Y sin embargo sabemos que el ritmo de cada niño es distinto.

La exigencia de nuestros días hace que los niños se tengan que preparar para un mundo en el que parece que no caben todos. El fracaso escolar es entonces una criba, un método de selección. Con esto lo que quiero decir es que son las demandas sociales las que nos exigen una rápida adaptación, nadie quiere no ser seleccionado.

A veces, bajo esa conducta de desatención o de hiperactividad, lo que nos encontramos son niños que pueden estar en proceso de duelos y pérdidas sin resolver. La pérdida, por ejemplo, implica un trabajo psíquico importante. En estos casos su atención estará en intentar entender que está ocurriendo y no podrá atender al aprendizaje o a otras cosas propias de su edad.

Pablo Aizpurua Garbayo
Inscrito en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid con el número M-23869
C/ Santa Engracia, 133
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