Cuando convocamos a los padres de niños por una problemática que se presenta en el colegio hemos de tener en cuenta que muchas veces los chicos tienen dificultades que no saben cómo expresar o desconocen cómo pedir ayuda ante ellas. Muchas veces es a través de las notas o los comportamientos en la escuela que los chicos expresan estos malestares internos y que habrá que aprender a discriminar de las “dificultades habituales” de los chicos en las instituciones escolares.

Los adultos (profesores, orientadores y familia) somos los que podemos ver y detectar que un niño en casa, en el aula y/o en su contexto social no se desenvuelve adecuadamente, no se ajusta y sufre por ello. Entonces salta la alarma, nos interrogamos que es lo que puede estar pasando y cómo podemos ayudar a ese niño. Los niños necesitan de nosotros, los adultos, para poder entender que es lo que les pasa. Ejemplos de síntomas y signos de posible malestar en el niño puestos en la escuela:

  • El niño que a pesar de saber la tabla de multiplicar de carrerilla es incapaz de aplicarla correctamente a sus ejercicios.
  • El niño que lee bien en voz alta y sin embargo no llega a comprender el significado de lo que ha leído.
  • El niño que tras un  dictado en clase está agotado de escribir y no puede más.
  • El niño que al sufrir una caída no tiene el reflejo de poner por delante las manos.

 

El desarrollo de las funciones en el centro educativo es tan amplio, y a veces tan complejo, que los profesores o los tutores pueden sentirse desbordados por su responsabilidad en las aulas. No es fácil que el profesor pueda atender a todas las necesidades educativas que aparecen en un centro y menos aún que se encargue de las necesidades psicológicas que pueden haber detrás de esas “necesidades educativas”.

Ejemplos de consultas psicológicas provenientes desde el departamento de orientación escolar:

  • No poder estar quietos en clase.
  • No poder evitar hablar cuando hay que estar en silencio.
  • No poder levantarse por las mañanas porque por las noches no concilian el sueño.
  • No se comunican con los padres.
  • No mostrar apego por las cosas materiales de su casa y el colegio.
  • No relacionarse con sus compañeros/tener un carácter reservado.
  • No aguantar los límites.
  • Repetir curso y seguir suspendiendo.
  • Cambio de colegio en repetidas ocasiones.
  • No encontrar sentido a nada de lo que tienen que hacer.
  • Rupturas con los novios/amigos.
  • Quejarse de los profesores porque no le dan la atención que él/ella necesita.

Es muy común que el profesor pase por varias fases ante el niño con síntomas manifiestos en el aula. En un principio está positivo y colaborador. En ocasiones, el profesor se da cuenta que por mucho esfuerzo suyo, el niño no progresa adecuadamente al ritmo del resto de sus compañeros, y el profesor intuye que va más allá de su trabajo en el aula.  En muchas circunstancias hay niños que agotan a los adultos que los rodean y aunque no sea a propósito, el resultado que se obtiene es la distorsión del trabajo en el aula.

Muchas dificultades pueden reeducarse dentro del ámbito escolar en el que se encuentra el niño, o incluso ser una fase del momento evolutivo. Cuando las dificultades de los niños y los adolescentes se intensifican y perduran a lo largo del tiempo (más allá de un curso escolar ya es mucho) es recomendable consultar al psicólogo para ver qué conflicto interno sostiene estos síntomas.

Pablo Aizpurua Garbayo
Inscrito en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid con el número M-23869
C/ Santa Engracia, 133
(28003 Madrid – España)
Tel: 915986859
E-mail: [email protected]

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